17 de Abril de 2008 desde Marcala
contando un cuento improvisado,
Cada día estoy descubriendo algún hueso o algún músculo nuevo en mi cuerpo, supongo que han debido estar e
star por ahí agazapados durante casi 35 años, debajo de una capa adiposa de espesor variable en función de la época y es por eso que no tenía el gusto de conocerlos. Ahora con el tute que nos damos están apareciendo músculos y huesos que sinceramente pensaba que no poseía, y que desde luego hubiera sido mejor haberlos tenido listos para enseñarlos durante mi adolescencia, que es una época como más apropiada para el pavoneo y el lucimiento en la playita tratando de engatusar alguna adolescente desprevenida. A estas alturas de curso, pues bueno, está bien lo de quitarse algunos kilillos por el rollo de la salud y todo eso, pero sólo sirve para que dentro del pantalón de ciclista uno no parezca una morcilla de burgos con lorzas y chichas rebosantes por todos lados, en fin..., lástima de adolescencia!!. Estamos a punto de volver a El Salvador, mañana nos levantaremos temprano y partiremos a cruzar la frontera, pasaremos unos días en El Salvador en un lugar que fue cuartel general de la guerrilla del FLMN d
urante la guerra civil, tratando de corroborar a través de los horrores de la guerra, lo absurdo de su existencia. El tiempo en Honduras ha sido fantástico a todos los niveles, parece mentira que diga esto después de publicar un post contando lo duro que estaba siendo pedalear en la montañosa Honduras. Pues sí, el hecho de haberlo superado supone un capazo lleno de autoestima para seguir adelante con esto, hemos cruzado montañas, por carreteras sin asfaltar en zonas remotas en medio de la nada, sufriendo frío, lluvia a cantaros o un sol de justicia y por fin lo conseguimos, poco a poco cada día, pero ahí está, lo hicimos..., sinceramente cuando escribí aquella entrada tenía mis dudas acerca de si podríamos hacer la ruta que queríamos o tendríamos que variarla buscando lugares más fáciles para ir en bicicleta. En Santa Rosa de Copán nos encontramos con un chico español que trabajaba en una misión de Naciones Unidas en esta zona y nos dijo que no nos aconsejaba hacer esta ruta en bici, que era d
ura y arriesgada por lo despoblado, los asaltos en carreteras, comunes en Honduras y por que la carretera se encuentra sin asfaltar en aproximadamente 150km. La ruta ha resultado ser maravillosa, dura, muy dura a ratos (por lo menos para nosotros), pero bellísima en cuanto a los paisajes, hemos estado rodeados por hectáreas y hectáreas de pinos, cerros llenos de vegetación de alta montaña y valles donde discurrían riachuelos por todos lados. Además dado que la región está muy despoblada hemos pasado mucho tiempo sin ver vehículos a nuestro alrededor, sólo nosotros, las águilas y los pinos. En el camino nos llovió toda una jornada entera, empapándonos por completo, gracias a Dios las alforjas impermeables han funcionado c
orrectamente y no se ha mojado nada de nuestra ropa, ni los sacos de dormir. La ruta transcurría por algunos de los pocos pueblos Lencas que quedan en Honduras. El pueblo Lenca hace una alfarería con formas y diseños muy marcados y tradicionales, otra de las características peculiares de los Lencas que me llamó mucho la atención es que cuando nace un bebé en una familia, los padres colocan las cenizas de la chimenea en la puerta de casa y esperan hasta que algún animal pase por encima de ellas y deje sus huellas. El animal que deje sus huellas en las cenizas será considerado el padrino o protector del neonato. De lo que más orgulloso estoy de estos días en Honduras es que por fin nos hemos bautizado con nuestros ¨cuentos nómadas¨. Anteriormente en El salvador visitamos una escuela con la intención
de proponer nuestra idea de contar cuentos a los alumnos más pequeños, al maestro le gustó pero teníamos que programarlo para después del fin de semana. Como teníamos planes de partir del pueblo al día siguiente, al final no pudo ser. El otro día sin quererlo ni beberlo, mientras hacíamos una pausa para resguardarnos de la lluvia y tomábamos un refresquito en una aldea llamada Las Cañadas, pudimos contar nuestros primeros cuentos de forma improvisada a una treintena de niños. Acababan de salir de la escuela y como siempre somos la expectación allá donde vamos, llegaron dos, luego dos más, luego tres más así hasta los veintisiete que contó Ana en algún momento. Hablamos con ellos, nos reímos un poc
o juntos, les presentamos a Rucio y a Rocinante y les propusimos contarles un cuento. La idea les entusiasmó, es alucinante con que poco se puede ilusionar a un niño, después del cuento pidieron otro y allá sin tener nada preparado nos lanzamos a contar cuentos a una panda de niños entregados, entusiasmados con algo que les estaba ocurriendo y que nunca hubieran imaginado, dos gringos, (en todos los lugares somos gringos, queramos o no), medio locos, que hablan medio raro, que visten medio raro con colores llamativos y que van viajando en bicicleta por el mundo en un día que está cayendo la tormenta del juicio final. La verdad es que para mí es la primera vez que cuento cuentos, (los que le cuento a Ana no cuentan, je,je,je...) a niños y os puedo asegurar que la experiencia me ha gustado, espero poder volver ha hacer esto de nuevo en muchas más ocasiones.
alberto
Necesito respirar, descubrir el aire dentro,
y decir cada mañana que soy libre como el viento...
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